Roma y Ciudad del Vaticano, Italia

Para la visita de Roma y Ciudad del Vaticano, elegimos el pequeño aeropuerto de Ciampino, a diferencia de Fiumicino, y tienes varias compañías de autobuses para llegar al aeropuerto desde la terminal de trenes y autobuses en Termini. El trayecto es de unos 50 minutos, y el coste de 4,00 euros con Terravision, y de 3,90 euros con la empresa Schiaffini.

 

Roma, Italia

 

Para llegar al aeropuerto desde Roma, la empresa Terravision sale de Via Marsala, y la otra empresa, Schiaffini, desde Via Giovanni Giolitti, las calles paralelas a Termini.

Una vez llegados a Termini, nos dirigimos al Hotel Executive, que se encuentra a unos 20 minutos caminando, en la Piazza Fiume, y como de costumbre en TripAdvisor verás la opinión del hotel.

 

Advertencia:

Los hoteles de Italia cobran una tasa turística, diferente en cada ciudad, en Roma la tasa es de 6,00 euros por persona y noche.

 

Desde el hotel, vamos andando por la Viale del Muro Torto, atravesando el parque de Villa Borghese, y llegar a la Piazza del Popolo. Con algo de apetito, entramos en una de los muchos restaurantes que se encuentran por las calles paralelas a la plaza, concretamente en el restaurante Pizza Re, que resulta ser una gran elección, con sabrosas pizzas y postres muy buenos. Desde de allí, salimos a la rivera del río Tevere, para seguir el paseo que bordea el río en dirección al casco histórico, pasando por Piazza Tribunali hasta llegar a Castel Sant Angelo, que no pudimos visitar por ser lunes, día que cierran la mayoría de museos y monumentos en la ciudad.

Concluímos la tarde paseando entre las estrechas calles del barrio de Trastevere, repleto de restaurantes, con un pequeño mercado en la Piazza Di Santa Maria. Regresamos de nuevo al río para encontrarnos con la Isola Tiberina, que alberga el Ospedale Fatebenefratelli y la iglesia de San Bartolomeo all’Isola.

La tarde no acompañaba mucho, y una vez cruzada la zona monumental del Coliseo, Arco di Constantino y Foro Romano, hacemos una parada en un café para recuperar fuerzas antes de emprender el regreso al hotel.

Roma es una ciudad que nunca deja tiempo libre por falta de ver cosas, es una ciudad extensa con infinidad de monumentos, iglesias y edificios que ver, paseando por sus calles y avenidas llegas a recorrer a pie gran cantidad de kilómetros, pero la ciudad lo merece, además existen innumerables cafés donde podrás hacer paradas antes de proseguir el recorrido, sin duda es una ciudad para andar y andar.

Al día siguiente, si el motivo principal del viaje era visitar los Monasterios de Meteora, el motivo de la escala en Roma era visitar el Vaticano.

El tour reservado para la visita de los Museos Vaticanos así como la Basílica de San Pedro era a las 10:00 horas, pero es muy conveniente llegar con tiempo suficiente, porque las colas, aún con entrada, para acceder a los museos pueden demorar algo más de 30 minutos por los controles de seguridad, y una vez dentro, deberás localizar la zona desde donde empiezan los tours guiados en un hall repleto de gente.

Si no llevas compradas las entradas, las colas para acceder a las taquillas son enormes, de varias horas de espera, y si te ofrecen tickets por la calle, asegurate que son válidos, gran cantidad de vendedores te ofrecerán entradas por las calles, asegúrate que son oficiales.

La visita con guía suele durar unas 3 horas, pero dependiendo del día de la semana o la época del año que lo visites, puede alargarse bastante más.

La ruta guiada empieza por los jardines interiores del Vaticano, con vistas a la inmensa cúpula de la basílica, para seguir por los interminables pasillos que componen los museos. A resaltar el pasillo de los mapas, entre otras obras de relevancia que podrás ver.

Aunque la visita estrella es la Capilla Sixtina, obra cumbre de Miguel Angel.

La primera vez que visite el Vaticano, y tuve la oportunidad de ver la capilla, a finales del año 1.983, ahora compruebo que la sensación que percibí, fue más por donde estaba que por lo que veía.

roma y ciudad del vaticano

roma y ciudad del vaticano

En aquella época (imagen superior), recién empezaban con los trabajos de restauración, y la iluminación de la época, y con la altura que se encuentran las pinturas, te imaginabas lo que habías visto en libros, de lo que realmente lo que estabas viendo.

Pero ahora, en el año 2.015, con toda la restauración finalizada y recién inaugurada la iluminación por leds del año pasado (imagen inferior), el resultado es sensacional, parece que estás viendo una pantalla de video colgada del techo de la gran definición con que puedes ver esta obra maestra. De hecho, han dejado un metro cuadrado del estado antes de la restauración, y es cuando te das cuenta de lo poco que se percibía 32 años atrás, el cambio es abismal.

Los controles dentro de la capilla son férreos, nada de fotos, ahí que estar en silencio, y no pierdas ni uno de los diez minutos que permiten permanecer dentro, tiempo más que justo para poder contemplar y admirar esta proeza que realizó Miguel Angel con más de 60 años de edad, y que sólo tardó seis años en pintar.

Justo salir de la capilla, y bajando unas escaleras, llegas a la entrada por la Piazza San Pietro, de la Basílica de San Pedro.

La primera sensación que tienes al entrar en la basílica es de grandiosidad, todo en el templo es enorme, sus dimensiones arquitectónicas, las estatuas de su interior, las capillas laterales, la impresionante cúpula, sin duda es el templo mas grande de toda la cristiandad.

Si antes dejas atrás la Capilla Sixtina, otra obra impresionante del mismo autor, La Piedad, en esta ocasión la que pueda ser la mejor escultura jamás tallada por la perfección de la misma. Lástima que ha de ser contemplada desde cierta distancia y a través de un cristal de seguridad, lo que resta algo de detalle.

Una vez que abandonas la basílica, que suele ser por la misma Piazza di San Pietro, no tienes oportunidad de volver, por lo que asegurate de haber visto con detalle todo lo que interese.

Cuando dejas la piazza, con la enorme columnata que la rodea, estas también abandonado el estado del Vaticano, que dejando a un lado lo que espiritualmente pueda representar o no, sin duda no te dejará indiferente.

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